lunes, 8 de agosto de 2016

Switch.

A eso de las 4 de la mañana me encuentro en un estado cercano al sueño pero diferente, en el que mi mente aún se debate entre aprovechar el momento o descansar, cuando siento un toque en el hombro. Abro los ojos de par en par, la miro y como poseído por un espíritu ancestral de la fertilidad, me lanzo sobre sus labios. Ella no se lo espera, pero gime de placer al sentir el impulso de mi pasión, en un claro duelo contra el cansancio. Agarro su cadera para ponerla sobre mí y presenciar su figura mientras frota su sexo contra el mío, disfrutando de ese lánguido placer que proporciona el cansancio mezclado con la lujuria. Al cabo de unos momentos desfallecemos, nuestros cuerpos se rinden ante la noche, y como si se tratara de un sueño, ambos nos sumergimos en el sopor con una sonrisa en el rostro. Separados por el calor pero nunca del todo, buscando siempre un mínimo contacto entre ambos, algo que nos sirva de ancla en nuestras oníricas aventuras.

Al llegar las 7 suena el despertador. Solo me acompaña su olor. Me levanto aún entumecido por el sueño y me dirijo al baño. Nos cruzamos en el pasillo en silencio. Antes de llegar a la cocina oigo la puerta al cerrarse con un sonoro portazo. En la cocina encuentro el desayuno junto a la lista diaria.
Llego a la oficina y todo va sobre ruedas. El equipo de marketing ha ideado una nueva variante del último spot televisivo que pinta genial. Desde la central de Madrid me comunican que la firma se encuentra en una situación inmejorable y se nota en nuestros ingresos. Varios de mis empleados me felicitan por los resultados de la anterior campaña. Yo solo pienso en llegar a casa.

Las 6 de la tarde es una buena hora para volver aún teniendo varios papeles que revisar. Ya habrá tiempo mañana. Recojo las cosas y pongo rumbo al supermercado. Reviso la lista y omito tres cosas intencionadamente. No tardo mucho en regresar a casa. La encuentro sentada en la cocina leyendo junto a su té de media tarde. -¿Has comprado todo lo que te dije? Creo que está todo, respondo yo.
Tras un breve vistazo advierte lo que falta y solo con una mirada se basta para hacérmelo sentir. -Eres un inútil. No vales para nada... Lo siento, respondo cabizbajo. No sé cómo ha podido pasar. -Debería dejarte, mandarte a la mierda, no sabes lo que significa ser responsable, solo te pido una cosa y ni siquiera eso puedes hacer bien... Me das pena, no sabes cómo me arrepiento a diario de estar contigo. Lo único por lo que estoy contigo es por tu polla y lo sabes. Desaparece de mi vista, haz lo que tienes que hacer.

Limpio el baño y la terraza, riego las plantas y ordeno un poco el salón. Ella mientras hace la cena. Pollo al ajillo con patatas. Mi preferida. En la cena charlamos sobre como la empresa crece y de su prima Inés, que acaba de tener su tercer hijo. Al recoger los platos tiro un vaso lleno de vino con el codo. Me mira con desprecio mientras recojo los cristales y seco el suelo de rodillas con varios pañuelos desechables. Tras fregar los platos y recoger la mesa veo que se acerca a mí y me cruza la cara con varios bofetones. Yo miro hacia el suelo mientras resisto el ansia de agarrarla de la cara y morderle la boca. Acto seguido me agarra del cinturón y me lleva al dormitorio, donde me coloca unas esposas y comienza a rozar todo mi cuerpo con sus dedos. No puedo resistirlo más y forcejeo contra unas irrompibles ataduras. -Hoy has sido malo y este es tu castigo. Al apagar la luz veo sus ojos mirándome con una intensidad y deseo tan solo comparables a eventos de magnitud cósmica.

Despierto a las 4 de la mañana. Al notar mi devuelta libertad vuelvo a la cama junto a ella. La beso sin importarme lo dormida que se encuentre, recibiendo un gemido de vuelta y un buenas noches. Son las 7 de la mañana y al abrir los ojos veo como sigue dormida en su mitad mientras me toca con un pie. Me levanto y hago el desayuno mientras escribo sus deberes para hoy. Al cruzarnos por el pasillo la miro de soslayo, haciendo que se aparte de mi camino en silencio y mire al suelo solo con mi mirada. -Te he dejado una lista de cosas que debes hacer. No sé si debería confiar en ti, pero siempre has sido una pequeña obediente, o sea que espero que todo esté acabado para cuando vuelva del trabajo. Tras cerrar la puerta de casa, una sonrisa me ilumina el rostro.

martes, 12 de enero de 2016

A pale blue dot.

Y otro año que se nos va. Un suspiro, un tiempo que cuando no llegábamos al metro veinte de altura nos parecía una eternidad y ahora nos resulta efímero. Corto, menor que lo que tardan las vitaminas en huir del zumo recién exprimido. Atrás quedaron los propósitos de mejora, los nunca más volveré a tropezar ahí, los si lo hubiera sabido... Todo un año reducido a eso, recuerdos e intenciones que se nos quedan grabados dentro queramos o no. Al fin y al cabo es en lo que todos nos convertiremos en algún momento, en recuerdos, ya sean buenos o malos, para otras personas. A largo plazo no somos más que estelas, la cola de una estrella que pasa por la vida de otra persona, siendo de mayor o menor importancia, que deja su impronta en la memoria. O no, porque la memoria es un ser cambiante, que fluye a su propio ritmo y que recoge lo que le conviene sin tu tener nada que hacer al respecto. Horas y horas de conversaciones perdidas solo porque tu selectiva y caprichosa mente prefiere almacenar detalles como que el agua de Maskon vale más barata que la de Mercadona.

Muchas veces pienso en lo diminuto que soy, que somos, como especie, como ser... Humanos. Suena como si lo dijera alguien de fuera, aunque puede que no haya nadie. Una especie animal que domina un planeta poblado por otras especies, que por haber evolucionado de otro modo, ya son inferiores. Hemos sido los ganadores de una lotería evolutiva tan compleja que nos abruma, haciendo que la mitad de nuestra especie crea que todo esto es producto de una poderosa magia relacionada con dioses vengativos. Hay de todo, como en botica. Y no percibimos el contexto en el que vivimos. Existimos en un diminuto planeta, que por una minúscula casualidad está situado donde esta, con una rotación en su propio eje y alrededor de una estrella a una velocidad exacta. Pensad un momento en ello. Si por cualquier cosa, nuestro planeta “querido” hubiera estado en otro punto del sistema solar, en cualquier otro punto, no existiríamos. No habría vida. Somos lo que se llama una improbabilidad, algo que no debía ocurrir, pero que gracias a una numerosa serie de casualidades, es posible. Ínfimos, minúsculos, diminutos.

Y aún así, como raza y como entes únicos, marcamos algo en la existencia de alguien, de un modo u otro, para bien o para mal. Posiblemente seamos un virus, un cáncer para el planeta, devorándolo desde dentro, pero algo hemos hecho bien. Hemos creado. Y esas creaciones, en sus muchas formas y colores, nos ayudan a recordar a muchos que por lo efímero de nuestra existencia, ya no nos acompañan. La música, la literatura, el arte, lo que nos mueve y nos emociona. Gente que deja huella en un universo infinito en el que ocupamos un pequeño punto azul pálido. Esa gente que merece ser recordada, que dejaron parte de ellos en nuestras vidas, que compartieron con nosotros, directa o indirectamente una parte de su ser, son las que realmente nos dan importancia como especie. Sin ellos no seriamos lo que somos. Sentid, cread, vivid, sed fieles a vosotros mismos y dejad algo bueno para recordar, aunque yo no sea nadie para decirlo. A fin de cuentas no somos más que eso, un pálido puntito azul perdido en el universo. Un abrazo.

martes, 24 de noviembre de 2015

Me pareces guapo pero no me importa.

Hace bastante que no escribo, desde que ocurriera lo que mencionó en el anterior post, mi creatividad se ha ido en busca de la madre de Marco, así que como no se me ocurre material para escribir ficción ni queriendo, voy a usar la idea de la madre de ovejones, Bea, del blog Una de Rizos... y contar mi experiencia con eso del Tinder, a ver si me sale algo alegre y entretenido. Para los que viven en Phobos, esa bonita luna de Marte, deciros que busquéis casa nueva para dentro de un tiempo porque va a reventar aquello, y que Tinder es una aplicación gratuita para conocer gente de un modo curioso ahorrando muchos pasos.

Básicamente la aplicación te va enseñando fotos de perfiles de personas dentro de unos parámetros que tú estableces, y tú le das a un lado si te gusta/agrada o al contrario si no es así, todo muy sencillo. En caso de que la otra persona vea tu perfil y le guste la aplicación te lo dice y puedes hablar con la persona en cuestión, mientras no. Yo la verdad comencé a usarlo por curiosidad y porque la idea me parece buena para las personas cortadas como un servidor, que aunque con confianza puedo hablar bajo agua, sin ella me cuesta la vida conocer gente y relacionarme desde cero. Suena bien, ¿no? El problema es la fauna que habita en la aplicación...
Existe un universo paralelo en el que la gente tiene una vida la mar de interesante comparada con la de uno y se llama Tinder. Es brutal la cantidad de cosas que hace la gente supuestamente normal, hay veces que uno acaba preguntándose que hace con su vida que no está saltando en paracaídas desde un avión de la Luftvaffe. Voy a intentar catalogar, desde un punto de vista biológico la fauna reinante.

La Iletrada: Grupo de féminas que aparte puede englobar otros grupos y conforman el 90 % de señoras en Tinder. No tienen absolutamente nada escrito en la descripción, solo apoyan su perfil con fotos suyas. Tengo varias teorías, como que tienen una vida sexual tan agitada por Tinder que han olvidado como se hacía eso de escribir, o que van de sobradas por el universo y no necesitan describirse por ello. Movimiento hacia la izquierda el 99 % de las veces.

La Barbie Malibu: Señoritas que bien podrían ser modelos, actrices porno o esposas de presidentes/reyes. Nada en contra de este grupo, por supuesto, pero me extraña mucho que tengan necesidad de Tinder para conocer gente, la verdad.

La Coelho style: No busques, no está, por más que revises sus fotografías, no existe nada que revele su aspecto. Son el fantasma de las navidades futuras, con suerte, o pasadas, generalmente. Estas chicas solo tienen frases introspectivas, fotografías de paisajes y todo tipo de parafernalia existencialista. Nunca se sabe que pueden esconder esas frases, yo por si acaso deslizo a la izquierda.

Xena la princesa guerrera: Este grupito, que aunque parezca mentira me pongo colo... perdón, que aunque no lo parezca es el más numeroso, hace que directamente uno se replantee la existencia y pruebe suerte cazando tigres de bengala usando chinos de Pedregalejo como arma arrojadiza. Mujeres cabalgando, saltando en paracaídas, escalando, haciendo rafting, carting, snowboarding, squirting... un mundo de aventuras para el que el resto de los mortales no estamos preparados.

La familia desestructurada: No me malinterpretéis, no tengo nada en contra de que si una mujer tiene una familia busque conocer gente como cualquiera, pero tampoco es plan de poner fotos del bautizo de tus trillizos, de tu boda, del viaje de novios y de la firma de papeles del divorcio, vamos, digo yo. No sé, a mí me intimida un poquito, no mucho, ¿eh? Solo un poquito.

La “normal”: Existen, si, como en todos lados, pero tienen trampa. Ese entrecomillado esta ahí por algo. Aparentemente normales, gente con la que se puede conversar de cualquier cosa, que te hace recobrar la fe en la humanidad, hasta que se revelan las comillas. Porque existe una gran probabilidad de que sea una loca del coño en potencia, oculta en esa normalidad, agazapada para en cualquier momento soltarte cualquier combinación desigual, con un vota a fuerza nueva, o cualquier tipo de esquizofrenia, de esas de toda la vida vaya, eso si es realmente quien dice ser, que también puede ser.

La ocurrente: Este es el mejor grupo, la creme de la creme. Chicas con un buen sentido del humor, que priman otras cosas a parte del físico en su perfil y te encandilan con cosas como que si piensas que Plutón no es un planeta no mereces vivir, personas que prefieren una buena conversación a una tableta de abdominales made in Mercadona, o que salen haciendo el chorra con unas gafas de bucear en el salón de su casa. The very best.

El robot que viene del futuro para venderme Neutrex Gel: Este último grupo es el más odioso. Simplemente son bots de páginas de contenido erótico que hacen perfiles de chicas de apariencia normal u ocurrente, para cuando te salta el match, que lo hace siempre, soltarte que le encanta el sexo con desconocidos y que vayas a tal página. Lo único bueno que tienen es que me han dado la entrada perfecta para empezar una conversación, que es esa, preguntar si es un robot del futuro.

Seguro que me dejo algún tipo por ahí suelto, pero con semejante fauna es complicado catalogarlo todo. Personalmente no he tenido una mala experiencia, salvo por un par de personas que en principio estaban interesadas y luego no, pero bueno son cosas que pasan. Por cierto, el título del post, que no lo he dicho, hace referencia a una frase que me dijo una de esas personas que parecía interesada en intentar algo pero que luego se diluyó. Pero me hizo mucha gracia como me lo dijo y le pregunté si podía usarlo para escribir algo. Y nada más, espero que os haya gustado mi pequeño análisis al mercado femenino de Tinder, un abrazo y espero seguir escribiendo más a menudo.

domingo, 18 de octubre de 2015

The leftovers.


Al entrar en mi perfil en Facebook, lo primero que cualquiera puede ver es una foto en la que seis amigos posan contentos tras una copiosa cena. Este viernes pasado, de esos seis, solo quedan cinco. Suena duro, pero la realidad es aún peor.
Asumir algo así es cuestión de tiempo, como todos mis amigos dicen, de aguantar y dejar que la memoria se calme y deje de soltarte flashes de pasado compartido, pero yo no quiero olvidar. No dejo de pensar en como no lo vimos, como se nos escapó que estaba mal, que arrastraba una depresión de lejos y que esa eterna sonrisa era un disfraz. Vivir alejado de los tuyos, con un trabajo que come la moral y la fe en la humanidad, no es fácil de llevar, es solo que no consigo llegar a un motivo, a lo que lo empujo a decir ya no más. Dejadme que os hable un poco de él.

Tenía mi edad, de hecho, nos conocemos desde el colegio, en esos días en que él, otros dos y yo, quedábamos en mi casa para sacar el radiocasete al descansillo y aprender a bailar juntos. Recuerdo muy bien cuando iba a su casa a jugar a la megadrive, a asomarnos a la terraza para ver a la vecina de enfrente tomar el sol en bikini, o cuando le grabe el espíritu del vino de Héroes del Silencio, una de sus grandes pasiones.

¿Pasiones? Tenía muchas. Era músico, recuerdo cuando concursó en televisión en canal sur, con su guitarrita y sus posturas. Ahora estaba más centrado en la pintura, cada semana tenía un óleo nuevo completamente diferente al anterior, nunca le faltó inventiva u originalidad. Juntos conocimos la mayoría de mis aficiones actuales, los videojuegos, la música, el rol y el cine. Muchas tardes pasamos juntos en su casa, dando lugar a un sin fin de anécdotas y frases ingeniosas. Siempre me reprochaba que una tarde le dije “¡Quién tiene un amigo, tiene comida!” mientras me comía sus magdalenas. Siempre tenía una palabra amable, una broma o una sonrisa, fuera la situación que fuera. Hasta una tarde que nos atracaron catorce o quince gitanos volviendo de Canadian en la que, al verme tan alto, me pegaron a mí mucho más, consiguió sacarme una sonrisa luego, porque unos golpes no son nada, al menos, comparado con esto.

Luchó muchos años contra una oposición, para llegar a ser policía, que sin ser su sueño, era un medio como cualquier otro para ayudar a los demás. Antes de eso trabajó mucho en clínicas ayudando a personas mayores y enfermos, pero él necesitaba más y apuntó a la policía. Y lo consiguió. Y lo mató. Suena muy mal, pero me niego a pensar que solo fue él, que solo sus problemas personales lo llevaron a eso. No me malinterpretéis, conozco a muchos policías y respeto su profesión, pero en un puesto como el que él tenía, atendiendo a los problemas del ciudadano, oyendo a diario cosas que le helarían la sangre a cualquiera, debería haber estado controlado por decirlo de algún modo. Es imposible que alguien tan empático como él no sufriera y perdiera la fe en la humanidad, llevándolo a lo que lo llevó.

Solo, en una ciudad que no es la suya, trabajando en algo que no es fácil... Y cuando venia a su tierra, era todo risas, todo historias interesantes, porque aquí estaba seguro entre los suyos. Y decidió que no lo soportaba más. Y se fue. Y si lo tuviera delante le daría una paliza. Y le preguntaría como estaba y me lo llevaría de fiesta. Y no estaría escribiendo con lágrimas en los ojos sin saber como sentirme ni que ha pasado. Pero aquí estoy, solo, escribiendo a la memoria de un amigo que ya no está. Y para mí siempre seremos seis.

lunes, 14 de septiembre de 2015

A María le gusta Juan pero no José.

-Oye pues la Trini esta buena ¿eh?.
-Pero que dices tío, si parece un castor con sobredosis de esteroides.
-Pues yo le daba esteroides...
¿Cuantas veces habremos tenido este tipo de conversación con amigos o amigas? ¿Cuantas veces habremos pensado que fulanito o menganita tiene un gusto horroroso? Preguntas típicas en una sociedad que se rige por unos valores impuestos, modas pasajeras y estereotipos, pero lo realmente importante, lo que hace que escriba esto es el porqué. A María le gusta Juan pero no José.
“Pues vaya tema tonto, pues porque le gusta y punto, esto es una perdida de tiempo.” puede que penséis, pero no es la cuestión. Lo que quiero tratar es el porqué, de donde sale ese gusto, que razones tiene María para sentirse atraída por Juan y no por José. 

Si nos fijásemos en cuestiones evolutivas, podría ser debido a que Juan le aporta cosas que José no, le da más confianza, le aporta sustento y seguridad. Que fácil sería todo si viviéramos en un paraíso darwiniano, en el que la supervivencia de la especie primara al gusto personal, donde miles de tarugos de gimnasio dominaran el planeta entre demostraciones de virilidad, Hunga hungas y porrazos en la cabeza. Pero no es así, Juan puede ser perfectamente un tío delgado y bajito mientras José es primo segundo de Conan el bárbaro.

Entonces serán los gustos compartidos, las aficiones, o la afinidad sexual, ¿no? Pues tampoco estoy seguro de ello. En el ámbito personal, me han gustado mujeres totalmente opuestas a mí, con gustos como Los Simpsons, Nicky Minaj, los toros, el barrio, fumar, e infinidad de cosas más que a mí personalmente me horrorizan. Luego físicamente es igual, he estado con mujeres gorditas, con flipadas del fitness, con pechos grandes y pequeños, posaderas agarrables y que se escurrían, sin desmerecer una cosa o la otra, me gustaba sin yo poder hacer nada.
Pasa igual con la personalidad, muchas veces te gusta una persona porque tiene una personalidad fuerte, que te atrae y te hace fluir, pero más adelante resulta que te cuelgas de alguien que es todo lo contrario y no sabes realmente porqué. ¿De dónde procede ese gusto? ¿A qué se debe?

Luego está el caso de José, el cual es todo lo que María busca en un hombre, atento, servicial, divertido, guapo e ingenioso. Sin embargo, no le atrae para nada, es como si mirara la pared, nada hace tilín, no tiene insectos polinizadores en la barriga ni cascadas tropicales en la entrepierna. Y uno piensa para sí mismo “Pero a ver, si Isa tiene todo lo que me gusta de una mujer ¿Porqué no me atrae nada?” y analiza la situación y se da cuenta de que no lo entiende. Es curioso el comprobar como personas que se conocen, que supuestamente deberían ser el uno para el otro perfectos, no se atraen mutuamente hasta dar asco. Pero ocurre muy frecuentemente y creo que es digno de estudio. Y no hablo de relaciones amistosas, o de pagafantismo o cosas así, si no de personas que vistas desde fuera y conociéndolas bien, serian la pareja perfecta y, no solo tú, si no todos los que los conocen, coinciden en ello.

¿Existen patrones en el gusto? Seguramente, todos tenemos cosas que nos gustan más o menos, pero lo extraño de todo es que, aún siendo primordiales para cada cual, luego nos los saltamos como si nada. Personalmente creo que cada persona porta un gen caótico, algo que no puede controlar y que hace que te resulten atractivas cosas que no esperas, es la galleta china de la suerte, la bola mágica del futuro, algo con lo que no cuentas para nada pero te asalta cuan horda mongola atravesando las puertas del castillo que el bufón de la corte dejó abiertas por error.
El ser humano es maravilloso, es algo que nunca dejará de sorprendernos, positiva y negativamente, somos la hostia, nos guste o no.

domingo, 2 de agosto de 2015

Expreso.

Siempre que puedo, y el tiempo y los horarios me lo permiten, trato de viajar en tren. Aunque sean muchas más horas que en avión, aunque la incomodidad de los asientos me erosione la espalda y las rodillas. Siempre he visto en el tren un lado romántico, un deje a viejo que lucha por sobrevivir en los tiempos modernos, un poco como el neovictorianismo tan de moda últimamente en la literatura.
Podría pasar días enteros mecido por el traqueteo de los vagones mientras en mi mente fluyen ideas y nuevos personajes para mi trabajo, si no fuera porque en este trayecto no pude escribir absolutamente nada, y se lo agradezco al destino, a los hados o a quien la pusiera en la butaca de enfrente.

Allí estaba yo, ensimismado, con la mirada perdida entre las parejas que se despedían en la estación, en esos momentos tristes y sinceros que marcan tanto el comienzo como el fin, cuando me percaté de su presencia. No creo que mi estupor ayudara nada a esa primera impresión, pero no pude dejar de mirarla mientras guardaba su maleta y se acomodaba en su asiento. Recuerdo que me resultó cómico lo mucho que luchó contra su equipaje para encajarlo encima del asiento. Describirla me resulta difícil, nunca he podido ser objetivo con ella, pero dejadme intentarlo. Lo primero que me llamó la atención fueron sus ojos. Eran grandes y bonitos, de un color entre el marrón y el miel precioso, era difícil no mirarlos sin quedarte boquiabierto. Tenía una larguísima melena rubia, con tirabuzones que le llegaban casi a las caderas. Me sería imposible describir su físico sin hacer ninguna mención al creciente bulto que provocaba en mi pantalón, así que dejaré eso aparte. Y su cara... bueno, los que me conocen saben que gracias a ella logré terminar mi mejor obra hasta la fecha, tal es la inspiración que en mí provoca.

Trate de controlarme, de no llamar su atención más de lo que un hombre que se queda embobado con la persona de enfrente puede y centrarme en escribir, había elegido aquel trayecto para empezar la última parte de mi trilogía del infierno, tenía que centrarme en mi trabajo. Así que abrí el portátil, ejecuté el procesador de textos y mire al folio en blanco que me mostraba. Recuerdo exactamente el número de comienzos que deseché en un rato, treinta y cinco, curiosamente la edad que tenía en aquel entonces.

- ¿Qué es lo que borras con tanto esmero? - Su voz me pilló por sorpresa y el sobresalto hizo que el portátil viviera lo mismo que un todoterreno en el París Dakar. La risa que esto causó me tranquilizo un poco.
- Dios que vergüenza. La verdad es que se ve que no estoy inspirado hoy, es bastante frustrante...
- Ummm ¿Sabes? Siempre me han parecido curiosos los escritores, así que te propongo algo. No sé sobre que escribes, pero creo que cualquier idea nueva y ajena puede serte útil, así que deja que haga de musa por un día, durante el viaje, y veamos que ocurre ¿Te parece?
- Pues la verdad es que te lo agradecería, puede que hasta te incluya en los agradecimientos si conseguimos algo. - Esperaba que aquella chulería inexperta no le produjera la misma vergüenza que a mí, pero por lo visto le resultó interesante.
- Eso ya se verá. ¿Sabes lo que más me gusta de viajar en tren? Que posiblemente sea la metáfora más clara de la vida que conozco. Un montón de desconocidos comparten un viaje con un destino concreto y múltiples paradas, cada uno baja donde le toca, muchos demasiado pronto, otros, al final del trayecto, pero todos comparten el tren. Siempre me ha gustado pensar que la vida es un viaje que se comparte con desconocidos, con los que, según la suerte que tengas, puedes o no compartir vagón. ¿Quién sabe, igual ha sido una suerte que compartamos vagón, no te parece?

Y ese fue el comienzo del mejor viaje que recuerdo, seguimos hablando allí, en la cafetería, en los pasillos y hasta en los baños. Lo recuerdo como si fuera ayer, y hoy en día sigo dando las gracias a la persona que tuvo la idea de poner a la que hoy es mi musa y madre de mis hijas en el asiento de enfrente, porque aún compartimos ese vagón que es la vida con un destino que, ni conocemos, ni nos preocupa.

miércoles, 22 de julio de 2015

Ortimer Wallace.

Es una verdad universalmente conocida que, como mujer soltera, una tiende a encontrarse con especímenes de lo más variado en el género masculino. Y no puedo decir que sea la mujer más normal de la tierra, tengo montones de manías y rarezas, pero tampoco tantas. Al menos no tantas como Ortimer. Si, se llama Ortimer Wallace, mi ultima adquisición como fémina con hormonas rampantes y en pie de guerra, peleando cada posición estratégica en mi pequeño cuerpo. Veréis, entre el número indeterminado de personas que he tenido la suerte o desgracia de conocer, él se lleva la palma, es el hombre más raro que he conocido, un rara avis con todas las de la ley y me gustaría contaros mi experiencia.

El día que lo conocí estaba paseando el perro por el parque. Es un tópico bastante real eso de que se liga teniendo perro, yo lo uso bastante y se conoce a gente interesante, aunque vamos a lo que vamos que me voy por las ramas. Eran las dos de la tarde, en Julio, harían como 34.º y allí estaba él. Sentado en un banco, con una camisa abotonada hasta el cuello, Dios que angustia solo de pensarlo, unos pantalones cortos por la mitad de la espinilla, una barba capaz de albergar una colonia de mapaches y un corte de pelo entre grasiento y plástico, no sé cómo definirlo aún. Sí, su aspecto me causó una curiosidad inusitada ¿Cómo alguien en su sano juicio podía ir así por la vida?
Pero lo que me hizo acercarme y hablarle no fue su aspecto, fue lo que hacia. Imagináoslo de esa guisa, con un monopatín enorme al lado, y, atención, una maquina de escribir. Una jodida maquina de escribir. Lo sé, lo sé ¿Cómo pudiste acercarte a alguien así? ¿No ves que no puede estar bien de la cabeza? Llamadme loca, pero me considero aventurera y que diablos, me pareció curioso.

Me acerqué y le pregunté que escribía. Respondió que una disertación sobre como el café de Starbucks supera con creces al de otras cafeterías, lo cual me pareció ridículo pero gracioso, una broma ingeniosa, aunque luego descubrí que era real. Empezamos a hablar y bueno, me pareció mono, así que acepte su invitación para tomar algo esa misma tarde. Cuando llegó la hora, allí estaba yo, en plan diva pero sin pasarme, mostrando el género pero sin venderlo demasiado, a comerme el mundo vaya. Y allí estaba él, exactamente igual que esa mañana, resultó que tenía varias prendas iguales y que tenía ese “outfit” previsto para hoy.

Fuimos a un sitio muy “cool” donde cobraban hasta por los posa vasos y todas las bebidas tenían nombres de origen tailandés. Me contó que todo lo que recaudaba el garito se usaba para salvar a unos ñus originarios de allí o algo por el estilo. Entre sus aficiones se encontraban el croos-fit, la zumba, el power-fit, la calistenia, la bachata, la salsa, el Kite surfing, el hiking, el running y un montón de cosas más que no recuerdo. Que está genial tener tantos gustos, pero que ya podía gustarle el parchís o el fútbol. La velada se alargó y acabamos en su casa, por fin un poco de acción, o eso pensaba yo. Está visto que aún existe gente que lo de tomar la ultima se lo toma al pie de la letra. Y allí estaba yo, en la casa de Ortimer, tomándome un vermú negro mientras me contaba el ciclo de desove de los cetáceos del mar del norte. Y en eso quedó todo, tanto cross-fit para no ser ni capaz de empotrarme como dios manda. Pobre Ortimer, la verdad es que no creo que le sentara bien que no quisiera quedar de nuevo con él, pero una tiene necesidades y no tiene el chichi para farolillos para aguantar tal cantidad de palabrería sin acción. Lo siento Orti.